Jardín América, Tuesday 19 de February de 2013

Prof. Héctor Pais

Desde la antigüedad podemos encontrar descripciones que caracterizan a la personalidad psicopática. Teofrasto, un estudiante de Aristóteles hizo la siguiente descripción de un psicópata

“El hombre sin escrúpulos pedirá prestado más dinero a una persona a la que nunca le haya devuelto nada…Cuando vaya a hacer compra, le recordará al carnicero que éste le ha quedado algo a deber y le pedirá a cambio algo de carne y, si puede, huesos para el caldo. Si la estratagema tiene éxito, mucho mejor; si no, comprará un trozo de tripa y se irá riendo”

Los psicópatas manifiestan una serie de conductas que serán el resultado de factores tanto biológicos como de personalidad, unidos a una serie de antecedentes familiares y otros factores ambientales. El psicópata razona muy bien, entiende perfectamente lo que sucede a su alrededor, pero es en el plano de los afectos en donde tiene déficit que le lleva a relacionarse de forma caótica con las demás personas. Es un ser inmoral en todo el sentido de la palabra. Sus armas secretas son siempre la manipulación y el control sobre los demás. Abiertamente irresponsable, le encantan los desafíos y riesgos. Es un individuo narcisista, solo existe él y nadie más que el. No tiene remordimiento, compasión ni consideración. No es un loco, como muchos suponen, sino simplemente una forma de “ser en el mundo” como menciona el Dr. Hugo Marietán, reconocido especialista en el tema. La mayoría de los psicópatas están perfectamente integrados en la sociedad y  sólo un pequeño subgrupo del patrón psicopático llega hasta la cárcel. Es más, muchos de ellos se ven elogiados en nuestra sociedad competitiva y encuentran una cómoda cabida en el mundo de los negocios, en la política o en el ejército. El psicópata es alguien que desea cumplir sus caprichos cueste lo que cueste, sin que le importen la vida de las personas que se ven afectadas por sus actos. Es alguien que hace sufrir a la sociedad.

La persona con psicopatía está incapacitada de sentir auténtico afecto hacia alguien. Ve y trata a las personas como cosas. Un peligro adicional que portan estos sujetos, es que suelen ser muy atractivos para mucha gente, tienen un cierto “encanto”,  lo que acrecienta el riesgo de que caigan en sus redes. El psicópata parece un tipo normal, con una capacidad de simulación extraordinaria; son maestros en fingir y aparentar lo que no son. Un caso conocido de esta capacidad de simulación, fascinación y fingimiento fue el idolatrado “Che Guevara”, quien camuflaba su psicopatía con ideales nobles. Un signo claro de que estamos con un psicópata, es que nuestra vida se va volviendo un caos poco a poco. Si enfoca su poder malicioso en su propia casa, comienza seduciendo y manipulando a su pareja, y una vez casado, somete a su compañera a terribles abusos psicológicos llegando muchas veces a la agresión sin límite. Los familiares y conocidos de la víctima no suelen darse cuenta de la verdadera personalidad de aquél. Si ejerce su poder en el trabajo, aprovecha su capacidad de “liderazgo” -algo común en estas personalidades-, su poder de seducción, más un impecable curriculum vitae. Suelen ser muy inteligentes, fingiendo responsabilidad y facilidad para el relacionamiento. Poco a poco va explotando y aplastando a los demás compañeros, creando caos dentro de la empresa. Algo paradójico es que muchas veces son recompensados y ascendidos por el “jefe”, por su ímpetu y ambición. Cuando los demás se dan cuenta de este hecho, ya suele ser muy tarde para neutralizar al psicópata.

En cuanto al ámbito legal, los psicópatas son absolutamente competentes para enfrentarse a un juicio criminal. Generalmente, desde el punto de vista legal y/o psiquiátrico, no son "locos" ya que son capaces de distinguir claramente entre el bien y el mal, aunque a veces intenten simular un trastorno mental. El psicópata tiene capacidad para optar, ya que posee plena conciencia de daño, desde lo racional. Los psicópatas pueden iniciarse en actividades antisociales a temprana edad, continuando con estas acciones durante una gran parte de su vida. Alrededor de los 35-40 años este nivel de criminalidad tendería a decrecer; sin embargo, esto no significa que disminuya el grado de violencia, ya que éste casi no disminuiría con el transcurrir de los años. No obstante, el psicópata tiene la capacidad de usar la violencia cuando el encanto, la manipulación, las amenazas y la intimidación no son efectivos para lograr sus propósitos. Aunque existen psicópatas en todas las clases sociales, pero debido a sus características particulares, tienen más posibilidades de mantenerse dentro de la sociedad los que poseen un mayor estatus, que aquellos que no encuentran el ambiente adecuado para satisfacer sus necesidades y van a parar a la cárcel.

La psicopatía es una condición individual que puede alimentarse mediante estructuras sociales, culturales y políticas. Muchas personas pueden convertirse en psicópatas o actuar como si lo fueran si las condiciones en las que viven les animan a ello. En este caso hablaremos de “sociopatía”.

 Lo que diferencia al psicópata de otros trastornos como las neurosis y psicosis, es su sintomatología tan especial. Disfruta haciendo lo que hace. No ve ninguna necesidad de cambiar. Se vea el mismo como alguien especial. Se muestra arrogante, superior, envidioso. Sus emociones son vacías, incapaz de manifestar empatía, ansiedad o culpa. No establecen vínculos afectivos con la gente. Fingen amistad, amor, lealtad. No tienen amigos o amantes, tiene esclavos. Las palabra intimidad e igualdad no existen en su mundo. Su felicidad es el resultado de sentirse superior, de que ha engañado a otros. Para ello debe romper las reglas morales de la sociedad, manipula y finge ser una persona mejor de lo que es. Las víctimas del psicópata son atacadas en su esencia como seres humanos. El psicópata la desmoraliza, le quita su proyecto de vida, por eso entra en su vida el desastre y la depresión. Para colmo de males, el psicópata goza de buena imagen social. Tiene unas habilidades únicas de manipulación y violencia que les da ventaja frente a los demás. No tienen miedo, no le frena el castigo, no sufre depresión ni ansiedad.

Gracias al avance de la ciencia hoy día sabemos que la psicopatía tiene mucha carga genética. Es decir, aunque un psicópata nazca en el seno de una buena familia, que le de amor, educación, cuidados; de todos modos acabará igualmente siendo psicópata, aunque de una forma más solapada, tal vez no llegue a ser criminal o un asesino, pero será sin duda un explotador, egocéntrico, estafador y parásito. La educación e incluso la psicoterapia tradicional, no tienen un efecto preventivo en ellos/as. Como si fuera poco, en la sociedad actual, en las familias, ya no se educa la conciencia. Los padres tienen poco tiempo y energía en una sociedad en cambio. La filosofía educativa relativiza la culpa, y la culpa es necesaria para convivir en sociedad.

Los padres actualmente tienen una menor capacidad de educar a hijos difíciles. Muchos hijos se crían solos con sus madres. A los jóvenes se les evita adoptar roles de responsabilidad durante largo tiempo. La sociedad actual fomenta el hedonismo: todo ha de obtenerse pronto, y existen muchas posibilidades para la práctica insana de la pornografía, violencia, alcohol y drogas. La sociedad hoy más que nunca necesita padres competentes, que marquen límites precisos a sus hijos. Que fomenten la conciencia en los niños, pero de una manera práctica, con la acción. Que el niño “vivencie” la responsabilidad, exigirles esfuerzo en sus vidas para lograr recompensas. Que reflexionen sobre las consecuencias de sus actos en los otros y en ellos mismos. Hacerles participar en actividades de ayuda desinteresada, que practiquen hábitos morales correctos. Hagamos lo “imposible” para evitar situaciones que fomenten la psicopatía.